El Camino es hacia dentro
El camino es hacia dentro
Volver al Camino de Santiago es, para mí, mucho más que repetir una ruta: es regresar a casa, una y otra vez, desde un lugar diferente del alma. Este año, por cuarta vez, retomamos el Camino Primitivo, caminando desde La Mesa hasta Lugo. Y aunque los paisajes cambian, aunque el clima sorprende y el cuerpo a veces se resiente, hay algo que permanece intacto: la llamada interior.
Este grupo no es casual. Somos compañeros de un mismo sentir, de ese espacio compartido en Casa La Manzanilla, donde aprendemos —y desaprendemos— juntos. Y en el Camino, todo eso cobra vida. Cada paso se vuelve una práctica, cada conversación un espejo, cada silencio una puerta.
El Camino tiene esa forma tan especial de mostrarte lo que hay. Sin adornos. A veces a través de la risa, de la alegría compartida, de la música improvisada. Otras, desde el cansancio, el ego que asoma, la incomodidad, la sensación de separación. Y, sin embargo, también ahí… en todo eso… aparece la oportunidad. La de elegir de nuevo. La de regresar al amor.
Porque si algo me regala el Camino, una y otra vez, es ese recordatorio profundo: no estamos separados. Caminamos juntos, nos sostenemos, nos reflejamos… y poco a poco, casi sin darnos cuenta, vamos soltando capas. Vamos recordando quiénes somos.
Hay momentos que se quedan grabados: una conversación que llega justo cuando tiene que llegar, una mirada cómplice, una carcajada compartida bajo la lluvia… o ese silencio lleno de presencia mientras la naturaleza te envuelve. Todo suma. Todo enseña.
Y al final, lo que queda no es solo el recorrido físico. Es ese viaje hacia dentro. Ese “tiovivo” de emociones que te atraviesa y te transforma. Esa nueva mirada con la que vuelves a observar tu vida.
El próximo año, si todo sigue su curso, volveremos a vivir la llegada a Santiago de Compostela. Cruzar la Plaza del Obradoiro, escuchar la gaita, sentir esa mezcla de emoción, gratitud y plenitud… será, de nuevo, una culminación. Pero también sé que no será el final. Porque el verdadero Camino no termina ahí.
El Camino sigue. Dentro.
Y hoy, desde ese lugar, solo puedo decir: gracias, gracias, gracias.
Elijo ver amor en todo. Elijo recordar quiénes somos.